LA LEYENDA DE PATARCOCHA.

Antacallanca es un Caserío del Distrito de San Miguel de Cauri, en la Provincia de Lauricocha en la Región Huánuco. Allí se halla la hermosa Laguna Patarcocha, un hermoso capricho de la naturaleza que fue inspiración para ésta legendaria historia de amor.

Hace mucho tiempo en Lauricocha existían dos tribus enemigas, y la Princesa Asiri pertenecía a una de ellas.

La belleza de Asiri era única, sus cabellos parecían fibras de oro puro, que quitaban el sueño a todo hombre de la tribu enemiga, y entre ellos a Cauri, un príncipe lauricochano que logró robarle el corazón, a la bella princesa.

Cauri era un príncipe muy valiente y a su entender el amor que sentía por la princesa no sería bien visto por su pueblo, ya que ambas tribus se odiaban a muerte. Pero como el corazón siempre le gana a la razón, se dejó llevar y ambos comenzaron a vivir una tierna historia de amor, en secreto.

Sus encuentros eran muy intensos y aprovechaban los pocos instantes que tenían juntos, para amarse perdidamente.

Mientras ambas tribus luchaban a muerte, la Princesa Asiri y el Príncipe Cauri desbordaban felicidad y decidieron unir sus almas en matrimonio, teniendo como testigo al Taita Jirka y a una anciana a la que conocían como una poderosa bruja, y que vio en ésta unión, la oportunidad perfecta para darle fin a las luchas entre ambas tribus.

Al enterarse de aquellos furtivos amoríos entré Cauri y Asiri, los jefes de ambas tribus, al mando de cientos de guerreros, persiguieron a los príncipes, que tuvieron que huir por temor a represalias, llegando hasta la laguna Patarcocha.

La anciana fue la primera en llegar, seguido por los príncipes que, ante el asedio de ambas tribus, decidieron casarse en ese mismo instante a orillas de Patarcocha.

Como parte del ritual, después de la celebración la princesa debía caminar alrededor de la laguna y subir por un camino muy estrecho, con su traje y joyas nupciales. Sin embargo, el peso de su vestimenta y las rocas que había en el camino la hicieron perder el equilibrio, provocando su caída al acantilado.

Los gritos de ayuda se hicieron escuchar en todo el lugar, y como era de esperar Cauri corrió lo más rápido que pudo para rescatar a su amada, pero cuando llegó la princesa Asiri se hallaba en agonía.

Las lágrimas inundaron al príncipe y entre gritos ensordecedores pidió al Taita Jirka que escuche sus lamentos y brinde sanidad a su amada, pero nada ni nadie escuchó sus súplicas, y por desgracia la princesa murió.

En medio de una pena profunda, el príncipe decidió darle a su esposa una sepultura especial.

Con ayuda de la anciana envolvieron el cuerpo de la princesa con suaves mantas blancas hecha con lana de oveja y la sumergieron en la laguna.

Mientras el cuerpo de la princesa Asiri se hundía, poco a poco las aguas comenzaron a cambiar de color, adquiriendo un intenso tono esmeralda, el mismo de los ojos de Asiri, que hoy podemos admirar desde sus orillas, cuando el cielo se muestra esplendoroso.

Se dice que hasta nuestros días se escuchan los llantos desgarradores del príncipe Cauri, confundiéndose con los llamados de auxilio de la princesa Asiri.

Basta con llegar a orillas de Patarcocha, cerrar los ojos y sentir el llanto eterno de los príncipes, que lloran por aquel amor que nunca pudo ser…

Y tú, ¿que esperas para conocer Patarcocha…?

Autor. Juan Pablo Rivera Tarazona.

Foto: Frank Jhony Garay Salazar

Credito :

Nanpureq Huánuco Rumbos