VENEZUELA ES EL SÍMBOLO DEL FRACASO DE LA IZQUIERDA

Venezuela está en caída libre y se dirige hacia un mayor colapso económico y político. El juego de las culpas se está intensificando. Los republicanos de EE.UU. etiquetan al país de «socialista», y usan los problemas de Venezuela como arma contra los demócratas con inclinaciones de izquierda.

Los que hablan a favor de la izquierda argumentan que Venezuela en realidad es un país petrolero con un mal gobierno y no una prueba de los ideales socialistas. ¿Quién tiene la razón?

Si consideramos el gasto del gobierno como un porcentaje del PBI, Venezuela parece estar muy lejos del socialismo. En años recientes, el gasto del gobierno ha sido de aproximadamente 40% del PBI, con la salvedad que las estadísticas no son totalmente confiables. Para EE.UU., esta misma cifra es de 37%.

Sin embargo, las economías emergentes usualmente no logran mantener los mismos programas gubernamentales que los países más ricos, y no los pueden dirigir con la misma eficacia.

Los países más pobres que intentan expandir sus gobiernos para alcanzar el tamaño de países más ricos, como Brasil y Venezuela, usualmente tienen un desempeño económico inferior al promedio. Estas son historias de gobiernos que se enloquecen, como sugieren ciertos conservadores.Además, las tasas de cambio son importantes.

La cifra de Venezuela de cerca de 40% representa un rápido aumento en comparación con el 28% del año 2000. Al impulsar el gasto gubernamental tan rápidamente, el gobierno venezolano enviaba un mensaje: la clave para la riqueza futura es cortejar los favores del gobierno, no emprender nuevos negocios.

Consideremos las exportaciones, que para la mayor parte de las economías en desarrollo tienen un rol particularmente crítico. Traen intercambio internacional, permiten contacto con los mercados extranjeros y obligan a partes de la economía a aprender cómo competir con las mejores compañías extranjeras.

Sin embargo, más del 90% de las exportaciones de Venezuela son de petróleo. Este recurso es propiedad del estado, quien también lo controla. Venezuela se acerca mucho al socialismo por este importante eje del crecimiento, aunque sea en su detrimento.

Chile ha administrado de manera prudente sus reservas estatales de cobre (también es un producto principal de exportación), pero los líderes venezolanos han tratado el dinero proveniente del petróleo como fondo ilegal para ellos y sus amigos, y además pidieron préstamos respaldados por las futuras reservas de petróleo.

La hija del antiguo presidente Hugo Chávez, quien murió hace seis años, aparentemente sigue siendo la mujer más rica de Venezuela. Por supuesto que en gran parte la riqueza se deriva de los recursos estatales y todo sucedió mientras el pueblo venezolano se hundía más y más en la pobreza.

De hecho, bajo Chávez se realizaron muchas nacionalizaciones que abarcaron el sector petrolero y partes de otras industrias como la agricultura, el transporte, la electricidad, el acero, las telecomunicaciones y el sector financiero.

Aunque muchas de estas nacionalizaciones fueron en baja escala, la amenaza de una mayor intrusión en los derechos de propiedad privada desanimó la inversión y envió las señales equivocadas sobre el camino que se avecinaba para el país.

Éste podría ser el punto más importante: el socialismo, el capitalismo o cualquier otro sistema no es relevante únicamente por las condiciones que genera sino por las ideas que difunde. Esto es cierto aunque se sigan las ideologías de manera incompleta o imperfecta.

Una manera sencilla de rastrear la influencia para Chávez es ingresando a Wikiquotes, donde encontraremos muchas declaraciones en contra de la globalización y de la economía de mercado.

«La privatización en un plan neoliberal e imperialista», dijo en 2005. «No se puede privatizar la salud porque es un derecho humano fundamental, ni la educación, el agua, la electricidad o cualquier otro servicio público. No pueden ser sometidos al capital privado que priva a las personas de sus derechos».

Esta retórica de victimización, y absolutamente moralista en contra de los mercados, no suena muy distinta a todo lo que escucho de personas no venezolanas en las redes sociales.

Tal como su veneración por lo anticapitalista y los regímenes antiestadounidenses como Irán y Bielorrusia, mucha de la retórica de Chávez pudo haber sido descartada como postura política. No obstante, ha continuado bajo su sucesor, Nicolás Maduro, quien tampoco ha aprovechado su posición para educar a los venezolanos sobre los beneficios del capitalismo y la globalización -un gran contraste con muchos líderes de Asia del este.

De manera contraria, la promoción de ideas socialistas ha ayudado a la sociedad venezolana a ser menos sólida económicamente y más vulnerable al colapso.

Si bien muchos de la izquierda ahora están más que dispuestos a negar su conexión con el desastre en Venezuela, su entusiasmo inicial está registrado. En el diario La Nación del 2013, Greg Grandin emitió una opinión laudatoria de Chávez y sugirió que Venezuela «podría ser el país más democrático del hemisferio occidental» (también argumentó, extrañamente, que Chávez no era lo «suficientemente autoritario»).

Jeremy Corbyn, líder del partido laborista del Reino Unido, ha sido un gran admirador de Chávez, y el economista Joseph Stiglitz -laureado del premio nobel- alabó las políticas económicas de Venezuela en el 2007 y declaró que se sobreestimaban los riesgos de una mayor inflación.

Claro que existen algunas exageraciones y descripciones erróneas en la acusación de la derecha que impone que el sistema venezolano es socialista, pura y llanamente. Al mismo tiempo, la evidencia demuestra que, para algunas partes de la izquierda ideológica, la causa de la vergüenza es en efecto muy real.