PEPITA DE MANZANA… ESPERANZA DEL CAMPESINO

En el 68 no estuve. Mi mamá por entonces trabajaba en una hacienda en Chincha. Una hacienda de algodón y maíz. Le pagaban con boletos para comprar víveres en las tiendas de propiedad de la misma familia de los hacendados, y además le daban un poquito de plata para volver a Ayacucho.

Esta es su voz:

No había contrato. Si quieres aceptas, si no te vas nomás. Se dormía en el trastero, atrasito de todo, y la comida era malísima. Si el capataz se molestaba por cualquier cosa ahí nomás te botaba como panca soleada que no sirve pa nada. Adónde ibas a ir pues. Te tenías que quedar nomás rogándole, no habia ni pa volver a tu pueblo.

Se recoge las lágrimas y sigue:

Cuando entró Velasco uno de mis paisanos tenía una radio pequeña, a pilas nomás funcionaba, y pa la mala suerte no había plata ¿De dónde vamos a sacar plata pues? Un chiquillo de unos 13 años que trabajaba ahí nos dice que la pila se carga en el sol. Todos nos hemos reído duro. Pero él terco lo puso junto al maíz que secaba en la pampa. Mucha risa nos daba la pila al medio de maíz. Pero verdá había sido cuando pasó las horas lo trajo y al ponerlo la radio encendió. Puchasuvida fue una alegría pa todos. Felices estábamos.

En una repetida escuchamos lo que Velasco había hablado el día que entró a palacio. Ya seacabado el abuso al indio, decía. Ya acabó el abuso de los hacendados, de los gamonales. Todos estábamos reunidos, éramos como 50. Lloraban los más viejitos. Yo también lloraba agarrándome del árbol lloraba porque primera vez pues un presidente hablaba del indio. En eso que estábamos cuando se acabó la pila. A dormir nos fuimos.

Esa noche soñé que, desde la falda de un cerro venía un hombre a caballo y se metía a la hacienda y nos abrazaba a todos. Cuando desperté le conté mi sueño diciéndoles que ese hombre era Velasco. Pero da la casualidá que todos me preguntaban cómo era su cara. Velasco nomás le decíamos, en realidad no lo habíamos visto nunca. A ese tiempo no había tele. Yo imaginando cualquier cosa les decía, que ojos grandes tiene, cabello largo, nariz bonita, y boca rojita. Ya estaba inventando yo pero todos me creyeron.

Ya así pasaron los días pues. El capataz medio preocupado andaba. Se había enterado que nosotros estábamos emocionados con Velasco. Y una tarde acercándose el hacendado cuando recogíamos el algodón nos dijo: Aquí todos trabajan porque quieren llevarse arrocito, azuquitar, un poco de platita, y si se portan bien coquita y trago les doy. El que no quiere se va nomás. A mí nadie me va decir cuánto pagar ni qué hacer, esta tierra es mía y punto. Así que a trabajar nomás. Algunos se desanimaron, otros ya ni hablaban. Pero lo mejor estaba por venir. No me vas a creer.

Se pone de pie y emocionada, continúa:

Una tarde pues, tardecita ya habrá sido las 5, tardecito empezando a pintar de oscurito ya, por la puerta grande apareció un hombre bien vestido, hablaba con el capataz y luego llegó el patrón, pero este hombre les gritaba pues. Primera vez veía que alguien ponía pecho contra estos dos. Unos veinte minutos y vino hacia a nosotros. Nos dijo que era oficial del gobierno de Velasco y que a partir de ahora todos teníamos que tener contrato obligatorio, el pago debía ser con plata, ya no con boletos, salud tambien teníamos derecho, pago de beneficios, más cosas dijo. Puchasuvida hemos llorado todos pues escuchándolo, el hombre al mirarnos todo el pie herida con llagas sin zapatos, cara roja partida por el sol, de pena triste se fue. Va volver dijo en una semana diciéndole al patrón que para ese día ya debía estar todo en orden. Y si no, el ejército va venir a tomar posesión.

Y volvió.

Volvió un día así tardecito también. Nosotros ya nos habíamos organizado. El patrón nos había hablado bonito nomás, diciendo que vamos a hacer contratos pero como si de ahora recién empieza el trabajo, ya lo de antes no vale, ya nomas le hemos dicho. Nos dió zapatos, sombrero y poncho. Felices nomás estábamos. Comida nos ha envitado en la mesa grande que sacó en el patio. Traguito. Todo. Cuando el señor del gobierno nos vio cambiados, cada uno con su contrato, se alegró. Y nos dijo que Velasco había dicho: «campesino el patrón ya no comerá más de tu pobreza». Puchasuvida eso sí que nos hizo llorar a todos abrazándonos hemos llorado hasta cansar.

Así hemos pasado. Ya después cambió el trato del patrón. Se trabajaba duro pero también se sacaba platita para llevar a nuestro pueblo. Ya después los trabajadores nos organizamos. Ya no nos dejábamos. Gracias a Velasco pues todo eso ha pasado. Hasta nuestro huayno se podía escuchar por todo lado, quechua bastante hablábamos sin tener vergüenza. De ahí vino ese Morales y ya todo se truncó.

Yo me pregunto ahora: ¿Cuántos peruanos alrededor de la tele o de la radio estarán llorando emocionados al escuchar a Pedro Castillo diciendo que se acabó el abuso a los indios? ¿Cuántos peruanos estarán esperando que un hombre del gobierno llegue a todos los sitios donde hay ahora injusticia para hacer valer los derechos de los pobres? Eso nomás me preguntó mucho, mucho me pregunto.

…… Mi mamá tiene ahora 75 años. Ha escuchado el primer discurso de Pedro Castillo, campesino y maestro de escuela rural. La esperanza le crece como la pepita de la manzana, que los niños se comen creyendo que una planta brotará desde su barriga, creencia tal que asume que el ser humano es un campo donde pueden florecer la esperanza por un país más justo, más libre, más irreal.

Castillo es la esperanza, me dice. Es la pepita de manzana, le digo.